
Hay una historia que se remonta a la década de 1960 sobre un hombre que tomó una sobredosis de LSD y se volvió loco de forma permanente. En su locura, se creía un vaso de jugo de naranja. Tenía miedo de acostarse, que no se derramara, o irse a dormir, que alguien lo bebiera. Es probable que esta historia sea poco más que una leyenda urbana, pero es paralela a un engaño real con el que muchas personas sufrieron durante el período moderno temprano...